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OIT revela relación entre trabajo decente y calidad de vida
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Bajo el título “Chile: trabajo decente y calidad de vida familiar”, la Organización Internacional del Trabajo entregó hace unas semanas una investigación que abarca toda la década de los noventas. Entre uno de los aspectos más llamativos, se destaca que a pesar del crecimiento económico del país, la calidad del trabajo se ha ido deteriorando.

Un tercio de nuestras vidas transcurre en el trabajo. Los que tienen, claro. Y entre ellos, sólo un tercio también tiene un trabajo “decente” en Chile. Así de categórico es el estudio realizado por la Organización Internacional del Trabajo, que contrasta a lo anterior el fuerte crecimiento económico en orden al 5 por ciento promedio que se registró en nuestro país durante la década de los noventa.

Según comentó Ricardo Infante, uno de los responsables junto al sociólogo Guillermo Sunkel, “la calidad de los empleos mejoró un poco entre 1990 y 1997. Pero después de la crisis volvió a caer hasta situarse en 2000 en el mismo nivel de principios de la década", indicando además que en esa década la protección social para los trabajadores formales cayó de 86 a 83 por ciento y la existencia de contratos de trabajo bajó desde 90 a 88 por ciento.

La investigación, que cruzó datos del informe Casen y del Sernam, indagó sobre la relación que existe entre un "empleo decente" y una buena calidad de vida, y estableció que muchas veces las dos cosas no van de la mano. De hecho, sólo un tercio de los que tienen un buen trabajo simultáneamente disfrutan de una alta calidad de vida, lo que se explica tanto por la gran cantidad de horas que trabajan los chilenos (durante los años 1996, 1998, 2001 y 2002, Chile ocupó el primer lugar entre los 60 países rankeados por el International Institute for Management (IMD), como "la nación con más extensas jornadas de trabajo y menor productividad"), así como por alta violencia intrafamiliar que hay en el país.

Para definir un empleo de calidad se consideraron tres factores: un ingreso superior a los 820 dólares (equivalentes a 450 mil pesos), que el trabajador tenga contrato y que cotice en el sistema previsional. Según este parámetro, sólo un 32 por ciento de los chilenos (un millón 700 mil personas), tiene un empleo que cumple con esos estándares, mientras que un 51 tiene una ocupación regular y un 17 una situación precaria.

Pero lo que llama la atención de los autores del estudio es que cuando este factor se cruza con el nivel de vida de las personas, se detecta que sólo un 15 por ciento de ese grupo de trabajadores privilegiados tiene un buen nivel.

La calidad de vida se midió de dos maneras. La primera por el acceso que el trabajador tiene a determinados bienes materiales, como refrigerador, lavadora automática, teléfono fijo y móvil, videograbadora, computador, microondas y conexión a internet. Aquellas personas que contaban con todos estos bienes se ubicaron en el nivel alto, los que tenían todos estos elementos, excepto el computador, estaban dentro del rango medio, y los que sólo poseían refrigerador y/o teléfono fijo, quedaron en el nivel básico.

La segunda medición consideró la disponibilidad de tiempo y acceso a espacio físico en el hogar. Aquí se percibió que los ocupados en puestos de buena calidad trabajan más de 48 horas semanales, por lo cual no quedan con tiempo suficiente para disfrutar con su familia. Es así como sólo un 15 por ciento estaba en el nivel óptimo, mientras que un 52 por ciento tenía un pasar regular y un 33 por ciento bajo.

Desafíos

"En general, el empleo decente está asociado a un número de horas de trabajo superior a las 45 semanales en todos los grupos de trabajadores. Eso, indudablemente, afecta a las familias, las que están muy tensionadas por las limitaciones de tiempo, lo que actúa en forma diferente a los trabajadores, según su nivel socioeconómico", explicó Infante.

Dentro de ese contexto, el experto sostiene que lo que se necesita es generar puestos de trabajo de buena calidad: "En la medida que la gente tenga un empleo decente, mejora su condición y calidad de vida básica y afectiva. Ahora, ¿cómo se hace eso? Aquello tiene que ver con el crecimiento económico del país, la productividad, la distribución del ingreso y las relaciones contractuales".

Asimismo, Infante agrega que para resolver este tema es necesario construir un pacto social entre trabajadores y empleadores y mejorar la productividad del trabajador y el capital, porque es posible que las empresas chilenas sigan siendo competitivas teniendo jornadas más cortas.

Un ejemplo que da es que del 14 por ciento de las personas con empleo precario, 5,5 por ciento tiene condiciones de vida regular y eso se debe al apoyo de las políticas sociales. "La vía rápida sería a través de las políticas de gobierno dirigidas a los sectores más vulnerables".

Trabajo decente: ingreso superior a US$ 823 al mes, la existencia de un contrato de trabajo y que el empleo cuente con protección laboral (cotizaciones provisionales y de salud). Si falla una de las tres se lo denomina "regular"; y si no se cumple ninguna es lisa y llanamente "precario".

Calidad de vida: los bienes materiales que posee un hogar, si las personas de ese grupo viven hacinadas -lo que ocurre cuando duermen más de dos personas por pieza- y si hay violencia intrafamiliar.

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